Aunque no lo crean, después de un largo día de trabajo o de lo que hiciera, llegaba a casa y las plantas de los pies me dolían a morir. Ni echándome en la cama cesaba el dolor. Entonces, por recomendación de un amigo visité al nutricionista.
Era un capo el tipo. La primera semana bajé 4 kilos y las siguientes bajé a razón de dos por semana. La ansiedad por comer crecía y salvo algunas canitas al aire (que incluyeron una suculenta jalea), la seguí al pie de la letra. Es curioso cómo la voluntad está supeditada a los gastos materiales: 80 soles me costaba la bendita cita con el nutricionista. Me atendía no más de 15 minutos -exagerando- y me dejaba cuestionando mi profesión de periodista: "debí haber estudiado nutrición", me decía. 80 soles cada 15 minutos no es poco, pues.
Y así fue como bajé 15 kilos. Estaba solo a 10 de mi peso ideal, el cual aparentemente me dejaría muy parecido a una calavera, porque ya estaba muy flaco. Ya me había casado, ya había decidido que no podía seguir pagando 80 soles semanales pues tenía que pagar el alquiler de un departamento, así que volví a las drogas. Perdón, a la comida.
Y subí todo lo que había bajado y un poquito más. Bien me decían: "uno no logra acostumbrarse a la dieta, solo se resigna a ella". Después de hasta 3 intentos fallidos de comenzar de nuevo, hace casi dos semanas decidí seguir. Todo empezó bien: nadie me tenía fe. "Por lo tanto esta vez debe funcionar", me dije.
Logré estar 7 días sin probar gaseosas (después de eso solo tomo las light) y ayer, 14 días después, probé un brownie. Uno no más.
La peor parte es cuando me fui a pesar a una de esas balanzas que tienen las boticas. Cometí el error de no pesarme cuando comencé. O subí MUCHOS kilos o no bajé ninguno. Ciento once trescientos. De regreso a mi primera cita con el nutricionista. La vida es una máquina del tiempo y no perdona. Yo me siento más flaco de lo que me sentía en esa primera cita, incluso me ilusioné con mi desinflada de panza (la primera semana de dieta solo botas agua y gas) y con sentirme un poquito más ligero, pero estamos de regreso al principio. Solo puedo pensar ahora ¿por qué escribir no me hace bajar de peso?
No hay comentarios:
Publicar un comentario